Lectura

Supongamos que un hombre, en el curso de su viaje, encuentra en su camino un río grande y ancho, y que la ribera en la que se halla está llena de peligros, mientras que la otra es segura; pero no hay barco para atravesar el río, y tampoco ningún puente. Supongamos que este hombre se dice: «¿Y si recogiese algunas hojas, rosales y ramas y las uniese en forma de balsa y entonces, llevado por esta balsa y remando con las manos y los pies, atravesase hasta la otra orilla?»

Y supongamos ahora que una vez atravesado el río, ya en la otra orilla, este mismo hombre se dice: «Esta balsa acaba de prestarme un gran servicio, ahora la pondré sobre mi cabeza y la llevaré siempre para hacer lo mismo en todas partes».

¿Qué pensáis monjes? ¿Es sabia la actuación de este hombre con respecto a la balsa?

Un monje respondió: «En verdad que no, señor».

En efecto, si este hombre pensase sabiamente se diría: «Verdaderamente esta balsa me ha servido, ahora puedo eliminarla sobre la ribera y continuar mi viaje». Este hombre actuaría así rectamente con respecto a su balsa. Del mismo modo os enseño mi doctrina sirviéndome de esta balsa como ejemplo que debe servir para evadirse y no permanecer prisioneros. Comprendiendo la comparación debéis dejar tras de vosotros los dharma, y cuanto más aun los no-dharma.

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