Intrepidez

«¿Que es el amor?»

«La ausencia total de miedo», dijo el maestro.

«¿Y qué es a lo que tenemos miedo?»

«Al amor», respondió el maestro.

Bokuden y sus tres hijos

Bokuden, gran Maestro de sable, recibió un día la visita de un colega. Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.
Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor. Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto cogió el vaso antes de entrar. Entró cerró detrás de él, volvió a colocar el jarro sobre el borde de la puerta y saludó a los Maestros.

– Este es mi hijo mayor – dijo Bokuden sonriendo -, ya ha alcanzzado un buen nivel y va camino de convertirse en Maestro.

A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizo la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo.

– Este es mi segundo hijo – explicó al invitado -, aún le queda un largo camino que recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó pesadamente sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos.

– Y este – respondió el Maestro – es mi hijo menor. ES la vergüenza de la familia, pero aún es joven.

Lectura

La vida del hombre es tejida en el telar del tiempo conforme un patrón que el no ve, solo Dios lo ve, y su corazón esta en la lanzadera. De un lado del telar esta la tristeza, del otro la alegría. Y la lanzadera, impelida alternativamente hacia cada lado, vuela para el frente y para detrás, cargando la línea que es blanca o negra conforme exige el modelo. Al final, cuando Dios extrae el tejido terminado, y todos sus colores alternos son observados en su conjunto, se ve que los colores oscuros son tan necesarios a la tela como los colores brillantes.

Cuento

Un vendedor de zapatos enviado por su jefe fue a vender zapatos lejos de aquella ciudad. El jefe pidió que le enviara un telegrama enviándole información sobre las perspectivas de trabajo. El vendedor llego a la ciudad y vio que todas las personas andaban descalzas y envío este telegrama: «Todos andan descalzos. No necesitan zapatos. Malas perspectivas».

El jefe envío a otro vendedor a otra ciudad igualmente lejana pidiendo respuesta. El vendedor respondió con este telegrama: «No tienen zapatos. Venderemos muchos. Muy buenas perspectivas».

Es su problema, no el mío

Sucedió que un Maestro Zen estaba pasando por una calle, cuando un hombre llegó corriendo y lo golpeó con fuerza.

El Maestro cayó. Luego se levantó y continuó caminando en la misma dirección en la que estaba yendo, sin siquiera mirar hacia atrás. Un discípulo iba con el Maestro; se quedó atónito y dijo: “¿Quién es ese hombre? ¿Qué es esto? Si uno vive en esta forma, entonces cualquiera puede venir y matarte. Y ni siquiera has mirado a la persona y no sabes quién es, ni por qué lo hizo”.

El Maestro dijo: “Es su problema, no el mío”.

El País de la risa

«El maestro estaba de un talante comunicativo, y por eso sus discípulos trataron de que les hiciera saber las fases por las que había pasado en su búsqueda de la divinidad. Primero, les dijo, Dios me condujo de la mano al País de la Acción, donde permanecí una serie de años. Luego volvió y me condujo al País de la Aflicción, y allí viví hasta que mi corazón quedó purificado de toda afección desordenada. Entonces fue cuando me vi en el País del Amor, cuyas ardientes llamas consumieron cuanto quedaba en mí de egoísmo. Tras de lo cual, accedí al País del Silencio, donde se desvelaron ante mis asombrados ojos los misterios de la vida y de la muerte. ¿Y fue ésta la fase final de tu búsqueda? le preguntaron. No, respondió el Maestro…, un día dijo Dios: Hoy voy a llevarte al santuario más escondido del Templo, al corazón del propio Dios…Y fui conducido al País de la Risa.»