La suerte

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus paisanos le consideraban afortunado porque tenia un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un dia el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida: «¡Qué mala suerte has tenido!». La respuesta del granjero fue un sencillo «puede ser».

Pocos días despues el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas.

Enterados los aldeanos acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: «puede ser».

Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero está lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: «puede ser».

Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejercito. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más este, como podemos imaginar, contesto nuevamente: «puede ser».

Cuento taoísta

Parábola

En un sûtra, el Buddha cuenta una parábola:

Un hombre que atravesaba el campo se encontrón con un tigre. Echó a correr, y el tigre tras él. Al llegar a un precipicio, se asió a las raíces de una viña silvestre y se dejo caer en el abismo. El tigre lo husmeaba desde allá arriba. Temblando, el hombre miro hacia abajo, donde, de lejos, otro tigre aguardaba para devorarlo.

Dos ratones, uno blanco u otro negro, empezaban a roer lentamente la vid. El hombre vio allí próxima una mata de apetitosas fresas. Asido de la vid con una mano, arrancaba fresas con la otra. ¡Que dulce su sabor!

Meditaciones Taoístas

En una noche de otros tiempos, fui una mariposa revoloteando contenta con su suerte. Luego me desperté siendo Chuang Tzu. ¿ Quien soy en realidad ? ¿ Una mariposa que sueña que es Chuang Tzu, o Chuang Tzu que imagina haber sido una mariposa ?

Chuang Tzu

El Rey Sabio

Había una vez un rey sabio y poderoso que gobernaba en la remota ciudad de Wirani. Y era temido por su poder y amado por su sabiduría.

En el corazón de aquella ciudad había un pozo cuya agua era fresca y cristalina, y de ella bebían todos los habitantes, incluso el rey y sus cortesanos, porque en Wirani no había otro pozo.

Una noche, mientras todos dormían, una bruja entro en la ciudad y derramó siete gotas de un extraño líquido en el pozo, y dijo:

-De ahora en adelante, todo el que beba de esta agua se volverá loco.

A la mañana siguiente, salvo el rey y su gran chambelán, todos los habitantes bebieron el agua del pozo v enloquecieron, tal como 1o había predicho la bruja.

Y durante aquel día, todas las gentes no hacían sino susurrar el uno al otro en las calles estrechas y en las plazas públicas:

-El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán han perdido la razón. Naturalmente, no podemos ser gobernados por un rey loco. Es preciso destronarlo.

Aquella noche, el rey ordeno que le llevasen un vaso de oro con agua del pozo. Y cuando se lo trajeron, bebió copiosamente y dio de beber a su gran chambelán.

Y hubo gran regocijo en aquella remota ciudad de Wirani. porque el rey su gran chambelán habían recobrado la razón.

Gibran Khalil

Zen

Bankei estaba un día hablando tranquilamente a sus discípulos cuando su discurso fue interrumpido por un Padre de otra religión.

Estos creian en el poder de los milagros y decían que la salvación venía de la repetición de las palabras sagradas.

Bankei se callo y pregunto al padre lo que quería decir.

El Padre comenzó a alardear que el fundador de su religión podía quedar sentado y quieto durante meses u dejar de respirar durante muchos días y pasar por el fuego sin quemarse.

El Padre pregunto: «¿Que milagros puede hacer usted?»

Banquei contesto: «Apenas uno, cuando estoy con hambre, como y cuando estoy con sed, bebo».

Felicidad

«Necesito desesperadamente que alguien me ayude… o voy a volverme loco. Vivo en una pequeña habitación con mi mujer, mis hijos y mis parientes, de manera que tenemos los nervios a punto de estallar y no dejamos de gritarnos y de increparnos los unos a los otros. Aquello es un verdadero infierno…»

«¿Me prometes que harás lo que yo te ordene?», le dijo el maestro con toda seriedad.

«¡Te juro que lo haré!»:

«Perfectamente. ¿Cuantos animales tienes?».

«Una vaca, una cabra, seis gallinas….. y alguno más».

«Mételos a todos en una habitación y vuelve dentro de una semana».

El discípulo quedo horrorizado, pero ¡había prometido obedecer…! De modo que lo hizo y regreso al cabo de una semana quejándose desconsoladamente: «¡Vengo hecho un manojo de nervios! ¿que suciedad, qué peste, qué ruido…! ¡Estamos todos a punto de volvernos locos!»

«Mete ahora el perro y el caballo y vuelve dentro de una semana»

Ya no podía más…. era insoportable.

«Vuelve otra vez», dijo el Maestro, «y saca a todos los animales fuera».

El hombre se marcho a su casa corriendo y regresó al día siguiente radiante de alegría: «Qué felicidad! Han salido todos los animales y aquello es ahora el paraíso. ¡Qué tranquilidad, qué limpieza, qué amplitud…!».

Movimiento

A unos discípulos que no dejaban de insistirle en que les dijera palabras de sabiduría, el Maestro les dijo: «La sabiduría no se expresa en palabras, sino que se revela en la acción».

Pero cuando les vio metidos en actividades hasta las cejas, soltó una carcajada y dijo: «Eso no es acción. Es movimiento».

Lectura

Un monje que llevaba cierto tiempo junto a Tao U, le dijo un día:

-Desde que estoy aquí, no he recibido la menor enseñanza acerca del estudio del espíritu.

-Desde que estás aquí no he cesado de enseñarte cómo se estudia el espíritu -respondió Tao U.

-¿De qué modo, maestro?

-Cuando me trajiste una taza de té, ¿acaso no la acepté?; cuando me serviste la comida, ¿acaso no la tomé?; cuando te inclinaste ante mí; ¿acaso no te devolví el saludo? Entonces, ¿cuándo he descuidado tu enseñanza? Si deseas ver mira directamente. Pero si intentas pensar acerca de tu enseñanza, fallas completamente -manifestó el maestro.

Lectura

Cuando un monje le pidió a Tchao Tchú que le instruyera en el Zen, esté dijo:

-¿Has tomado tu desayuno?

-Si, maestro, lo he tomado.

-Entonces vete a lavar los platos.

Esta respuesta abrió súbitamente los ojos del monje a la verdad del Zen.

Lectura

Supongamos que un hombre, en el curso de su viaje, encuentra en su camino un río grande y ancho, y que la ribera en la que se halla está llena de peligros, mientras que la otra es segura; pero no hay barco para atravesar el río, y tampoco ningún puente. Supongamos que este hombre se dice: «¿Y si recogiese algunas hojas, rosales y ramas y las uniese en forma de balsa y entonces, llevado por esta balsa y remando con las manos y los pies, atravesase hasta la otra orilla?»

Y supongamos ahora que una vez atravesado el río, ya en la otra orilla, este mismo hombre se dice: «Esta balsa acaba de prestarme un gran servicio, ahora la pondré sobre mi cabeza y la llevaré siempre para hacer lo mismo en todas partes».

¿Qué pensáis monjes? ¿Es sabia la actuación de este hombre con respecto a la balsa?

Un monje respondió: «En verdad que no, señor».

En efecto, si este hombre pensase sabiamente se diría: «Verdaderamente esta balsa me ha servido, ahora puedo eliminarla sobre la ribera y continuar mi viaje». Este hombre actuaría así rectamente con respecto a su balsa. Del mismo modo os enseño mi doctrina sirviéndome de esta balsa como ejemplo que debe servir para evadirse y no permanecer prisioneros. Comprendiendo la comparación debéis dejar tras de vosotros los dharma, y cuanto más aun los no-dharma.