Vigilancia

«¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la Iluminación?»

«Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas».

«Entonces , ¿para que valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?»

«Para estar seguros de que no estáis dormidos cuando el sol comience a salir».

Supervivencia

Día tras día, el discípulo hacía la misma pregunta: «¿Cómo puedo encontrar a Dios?»

Y día tras día recibía la misteriosa respuesta: «A través del deseo».

«Pero ¿acaso no deseo a Dios con todo mi corazón? Entonces ¿por qué no lo he encontrado?»

Un día mientras se hallaba bañándose en el río en compañía de su discípulo, el Maestro le sumergió bajo el agua, sujetándole por la cabeza, y así lo mantuvo un buen rato mientras el pobre hombre luchaba desesperadamente por soltarse.

Al día siguiente fue el Maestro quien inició la conversación: «¿Por qué ayer luchabas tanto cuando te tenia yo sujeto bajo el agua?»

«Porque quería respirar».

«El día que alcances la gracia de anhelar a Dios como ayer anhelabas el aire, ese día te habrás encontrado».

Lectura

La vida del hombre es tejida en el telar del tiempo conforme un patrón que el no ve, solo Dios lo ve, y su corazón esta en la lanzadera. De un lado del telar esta la tristeza, del otro la alegría. Y la lanzadera, impelida alternativamente hacia cada lado, vuela para el frente y para detrás, cargando la línea que es blanca o negra conforme exige el modelo. Al final, cuando Dios extrae el tejido terminado, y todos sus colores alternos son observados en su conjunto, se ve que los colores oscuros son tan necesarios a la tela como los colores brillantes.

Mejor dormir que murmurar

Sa´di de Shiraz relata esta historia acerca de sí mismo:

«Cuando yo era niño, era un muchacho piadoso, ferviente en la oración y en las devociones. Una noche estaba velando con mi padre, mientras sostenia el Corán en mis rodillas. Todos los que se hallaban en el recinto comenzaron a adormilarse y no tardaron en quedarse profundamente dormidos. De modo que le dije a mi padre:

-Ni uno solo de esos dormilones es capaz de abrir sus ojos o alzar su cabeza para decir sus oraciones. Diria uno que están todos muertos.

Y mi padre me replicó:

-Mi querido hijo, preferiria que tambien tú estuvieras dormido como ellos, en lugar de murmurar».

La conciencia de la propia virtud es un riesgo muy propio de quien se embarca en la oración y en la piedad.

Transformación

A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás le dijo el Maestro: «Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra».

El pequeño pez

«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscando por todas partes, sin resultado».

«El Océano», respondio el viejo pez, «es donde estás ahora mismo».

«¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

El mono que salvó a un pez

«¿Qué demonios estás haciendo?», le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.

«Estoy salvándole de perecer ahogado», me respondió.

El juramento

Una vez, un hombre atormentado por sus problemas juró que si éstos se solucionaban, vendería su casa y donaría a los pobres todo el dinero obtenido de la venta.

Llegó el momento en que se dio cuenta de que debía cumplir su juramento. Pero no deseaba regalar tanto dinero. De manera que ideó una forma de eludir esta situación.

Puso la casa en venta, valuándola en una moneda de plata. No obstante quien comprara la casa debía adquirir un gato. El precio pedido por este animal era de diez mil piezas de plata.

Otro hombre compro la casa y el gato. El primero dio a los pobres la moneda de plata, y guardo en sus bolsillos las diez mil.

La mente de muchas personas funciona de esta manera. Deciden seguir una enseñanza, pero interpretan su relación con ella según su propia conveniencia.

Resignación

Había una vez un hombre, Tung men Wu de Wei, que cuando murió su hijo, no manifestó ningún pesar. Un vecino le preguntó que por qué no daba muestras de sentimiento y no vestía de luto, a lo que el contestó:

-Hubo un tiempo en que no tenía hijos y no estaba triste; ahora que mi hijo ha muerto y estoy igual que antes que naciera ¿de qué me he de entristecer?

Fuerza humana y destino

El labrador hace sus trabajos según la estación; el comerciante se ocupa según su ramo; el artífice, según su arte; el oficial, según su valor. He aquí los actos de las fuerzas humanas.

Pero el labrador tiene temporadas de lluvia y sequía; el comerciante, pérdidas y ganancias; el artífice éxitos y desengaños; el militar, sus triunfos y derrotas. esto es obra del destino.