Intrepidez

«¿Que es el amor?»

«La ausencia total de miedo», dijo el maestro.

«¿Y qué es a lo que tenemos miedo?»

«Al amor», respondió el maestro.

Tribulación

«Las calamidades pueden ser causa de crecimiento y de iluminación», dijo el maestro.

Y lo explico del siguiente modo:

«Había un pájaro que se refugiaba a diario en las ramas secas de un árbol que se alzaba en medio de una inmensa llanura desértica. Un día, una ráfaga de viento arrancó la raíz del árbol, obligando al pobre pájaro a volar cien millas en busca de un nuevo refugio… hasta que, llegó a un bosque lleno de árboles cargados de ricas frutas».

Y concluyó el Maestro: «Si el árbol seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a renunciar a su seguridad y echarse a volar».

El elefante y los ciegos

Más alla de Ghor había una ciudad. Todos sus habitantes eran ciegos. Un rey con su cortejo llegó cerca del lugar, trajo su ejercito y acampó en el desierto. Tenía un poderoso elefante que usaba para atacar e incrementar el temor de la gente.

La población estaba ansiosa por ver el elefante, y algunos ciegos de esta comunidad se precipitaron como locos para encontrarlo.

Como no conocían ni siquiera la forma y aspecto del elefante tantearon ciegamente, para reunir información, palpando alguna parte de su cuerpo.

Cada uno pensó que sabia algo, porque pudo tocar una parte de él.

Cuando volvieron junto a sus conciudadanos, impacientes grupos se apiñaron a su alrededor.

Preguntaron por la forma y aspecto del elefante, y escucharon todo lo que aquello dijeron.

Al hombre que había tocado la oreja le preguntaron acerca de la naturaleza del elefante. Él dijo: «Es una cosa grande, rugosa, ancha y gruesa como un felpudo».

Y el que había palpado la trompa dijo: «Yo conozco los hechos reales, es como un tubo recto y hueco, horrible y destructivo».

El que había palpado las patas dijo: «Es poderoso y firme como un pilar».

Cada uno había palpado una sola parte de muchas. Cada uno lo había percibido erróneamente. Ninguno conocía la totalidad: el conocimiento no es compañero de los ciegos. Todos imaginaron algo, algo equivocado.

De las invenciones modernas

«Se puede aprender algo de cualquier cosa», dijo una vez el rabí de Sadagora a sus jasidim. «Cada cosa puede enseñarnos algo, y no sólo lo que ha creado Dios. Lo que hizo el hombre también puede enseñarnos».

«¿Que podemos aprender de un tren?», pregunto dubitativamente un jasid.

«¿Que a causa de un segundo podemos perderlo todo?»

«¿Y del telégrafo?»

«Que cada palabra se cuenta y se cobra».

«¿Y del teléfono?»

«Que lo que decimos aquí se oye allá».

Lectura

Uno de los discípulos de Lao Tse, Chuang Tse, soñó una noche que se había convertido en una mariposa, revoloteando, volando entre las flores. Y a la mañana siguiente cuando se despertó estaba muy triste. Sus discípulos le preguntaron: «¿Que pasa Maestro? Nunca te hemos visto tan triste. ¿Qué ha sucedido?». El dijo: «Estoy en un apuro. Estoy en un dilema tal que ahora parece que no puede ser resuelto». Los discípulos dijeron: «Nunca hemos visto un problema que no pueda resolverse; dinos cual es el problema». Chuang Tse dijo: «Esta noche he soñado que me había convertido en una mariposa, volando por el jardín, yendo de flor en flor». Los discípulos se rieron. Dijeron: «¡es un sueño maestro!». Chuang Tse dijo: «Esperad dejadme contaros toda la historia. Ahora estoy despierto y me siento confuso. Ha surgido una duda. Si Chuang Tse puede soñar que puede convertirse en mariposa, ¿por qué no puede ser al revés? Una mariposa puede soñar que se ha convertido en Chuang Tse. ¿Así que quien es quien? ¿Soy una mariposa soñando que me he convertido en Chuang Tse?»

Porque si puede suceder que puedes convertirte en mariposa en un sueño, ¿entonces cual es el problema? Una mariposa que esta durmiendo esta mañana, descansando, puede soñar que eres tú, así que no sabes quien eres.

Milagro

Se decía que el «Haji» que vivía en las afueras de la ciudad realizaba milagros, por lo que su casa se había convertido en un centro de peregrinación al que acudía gran número de personas enfermas.

El Maestro, de quien todo el mundo sabía que ni sentía el menor interés por lo milagroso, nunca respondía a las preguntas que pudieran hacerle acerca del «Haji».

Cuando le preguntaron a quemarropa por qué se oponía a los milagros, respondió: «¿Cómo va uno a oponerse a lo que está ocurriendo ante sus ojos a cada instante?»

Evasión

Un visitante refería la historia de un santo que quería ir a visitar a un amigo suyo que estaba agonizando; pero, como le daba miedo viajar de noche, le dijo al sol: «En el nombre de Dios te ordeno que permanezcas en el cielo hasta que llegue yo a la aldea donde mi amigo agoniza». Y el sol se detuvo en el cielo hasta que el santo llegó a dicha aldea.

El Maestro sonrió y dijo: «¿No habría sido mejor que el santo hubiera vencido su miedo a viajar de noche?»

Contradicción

«¿Qué acción tendría yo que realizar para alcanzar a Dios?»

«Si deseas alcanzar a Dios, hay dos cosas que debes saber. La primera es que todos los esfuerzos por alcanzarlo no sirven para nada».

«¿Y la segunda?»

«Que debes actuar como si no supieras la primera».

Transitoriedad

El Maestro sentía alergia hacía aquellas personas que prolongaban excesivamente su estancia en el monasterio. Más tarde o más temprano, todos los discípulos oían de sus labios las temidas palabras: «Ha llegado el momento de que te vayas. Si no lo haces, el Espíritu no vendrá a ti».

Un discípulo reacio a marchar quiso saber qué era ese «Espíritu».

Y el Maestro le dijo: «El agua solo se mantiene viva y libre si fluye. Tú sólo permanecerás vivo y libre si te marchas. Si no huyes de mi, te estancarás y morirás…. contaminado».

Incongruencia

Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban referidas a la vida más allá de la muerte.

El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una solo respuesta.

Cuando, más tarde, los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replicó: «¿No habeis observado que los que no saben qué hacer con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente?».

«Pero ¿hay vida despues de la muerte o no la hay?», insistió un discípulo.

«¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión!», replico enigmáticamente el Maestro.