El pequeño pez

«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscando por todas partes, sin resultado».

«El Océano», respondio el viejo pez, «es donde estás ahora mismo».

«¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

El mono que salvó a un pez

«¿Qué demonios estás haciendo?», le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.

«Estoy salvándole de perecer ahogado», me respondió.

El juramento

Una vez, un hombre atormentado por sus problemas juró que si éstos se solucionaban, vendería su casa y donaría a los pobres todo el dinero obtenido de la venta.

Llegó el momento en que se dio cuenta de que debía cumplir su juramento. Pero no deseaba regalar tanto dinero. De manera que ideó una forma de eludir esta situación.

Puso la casa en venta, valuándola en una moneda de plata. No obstante quien comprara la casa debía adquirir un gato. El precio pedido por este animal era de diez mil piezas de plata.

Otro hombre compro la casa y el gato. El primero dio a los pobres la moneda de plata, y guardo en sus bolsillos las diez mil.

La mente de muchas personas funciona de esta manera. Deciden seguir una enseñanza, pero interpretan su relación con ella según su propia conveniencia.

Resignación

Había una vez un hombre, Tung men Wu de Wei, que cuando murió su hijo, no manifestó ningún pesar. Un vecino le preguntó que por qué no daba muestras de sentimiento y no vestía de luto, a lo que el contestó:

-Hubo un tiempo en que no tenía hijos y no estaba triste; ahora que mi hijo ha muerto y estoy igual que antes que naciera ¿de qué me he de entristecer?

Fuerza humana y destino

El labrador hace sus trabajos según la estación; el comerciante se ocupa según su ramo; el artífice, según su arte; el oficial, según su valor. He aquí los actos de las fuerzas humanas.

Pero el labrador tiene temporadas de lluvia y sequía; el comerciante, pérdidas y ganancias; el artífice éxitos y desengaños; el militar, sus triunfos y derrotas. esto es obra del destino.

¡Oh, feliz culpa!

El místico judío Baal Shem tenía una curiosa forma de orar a Dios. «Recuerda, Señor», solía decir, «que Tú tienes tanta necesidad de mí como yo de Ti. Si Tú no existieras, ¿a quién iba yo a orar? Y si yo no existiera, ¿quién iba a orarte a Ti?»

El pescador satisfecho

El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

«¿Por qué no has salido a pescar?», le pregunto el industrial.

«Porque ya he pescado bastante hoy», le respondió el pescador.

«¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?», insistió el industrial.

«¿Y qué iba a hacer con ello?», preguntó a su vez el pescador.

«Ganarías más dinero», fue la respuesta. «De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo».

«¿Y qué haría entonces?», preguntó de nuevo el pescador.

«Podías sentarte y disfrutar de la vida», respondió el industrial.

«¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?», respondió el satisfecho pescador.

Cuento

Un vendedor de zapatos enviado por su jefe fue a vender zapatos lejos de aquella ciudad. El jefe pidió que le enviara un telegrama enviándole información sobre las perspectivas de trabajo. El vendedor llego a la ciudad y vio que todas las personas andaban descalzas y envío este telegrama: «Todos andan descalzos. No necesitan zapatos. Malas perspectivas».

El jefe envío a otro vendedor a otra ciudad igualmente lejana pidiendo respuesta. El vendedor respondió con este telegrama: «No tienen zapatos. Venderemos muchos. Muy buenas perspectivas».

Cuento

Un rey consulto a diferentes magos de su región. «¿Cómo va a ser mi vida y la de mis parientes?».

Uno le dijo: «Se te van a morir todos tus parientes, por cada diente que se te caiga morira uno de ellos». El rey ordeno matarle.

Otro le dijo: «Vas a sobrevivir a todos tus parientes. Una vida longeva».

Le dijo lo mismo que el otro pero la diferencia esta en la manera de decirlo.

Cuento derviche

Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir. Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quien apreciaba mucho.

Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la Muerte que le miraba con una mueca extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenia unos parientes, para de ese modo escapar de la Muerte.

Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura podría llegar a Samarra esa misma noche.

Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco rato encontró a la muerte paseando por los bazares.

«¿Por qué has asustado a mi sirviente? -preguntó a la Muerte-. Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto». «No era mi intención asustarlo -se excusó ella-, pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra».